La belleza en el fango

8/12/2014 01:27:00 p. m.

Nos enseñaron a ver no viendo
a creernos siempre a tientas
buscando el candor ajeno
de respuestas intrincadas
Nos enseñaron a morir lento
entre asfalto desgastado
buscando en ojos ajenos
la empatía desdibujada
Nos dijeron que hay que ver
cosmogonías parelelas
trazadas por manos firmes
que a diario nos atormentan
Nos llenaron de finales
corrosivos e inconclusos
sabiendo que triste está el final cuando se acaba
porque al punto final de sus finales
no le quedan ya más puntos suspensivos.

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vomitado por Orizschna
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7/24/2014 01:42:00 p. m.

Dalila iba por la vida arrancando de raíz cualquier oportunidad en la que ella pudiera sobresalir, ser el centro de atención. Ese cúmulo de miradas encima de ella producían en su organismo un elixir similar al de un ludópata ganando en la ruleta. Era una sensación extraña a la que siempre se acostumbró: ser el centro del mundo.
Desde niña, rápidamente se aferró al hecho de que podía tejer a su antojo mil historias cuyo final fuera favorable para sí misma. No importaba cuantas lágrimas tenía que derramar para que su familia terminara cediendo ante ese llanto. Ahí se dio cuenta del poder que podía ejercer sobre las personas, y no dudo en seguirlo utilizando.

Trascurrió su niñez y fue sino hasta la adolescencia donde hizo de la manipulación un arte. Bastaba con que ella dijera dos o tres palabritas para que su séquito de adoradores las convirtieran en una verdad inapelable.
Dalila siempre provocaba, temor o envidia o lo que fuera, pero tenía ese don de provocar algo en las personas. Jamás pasaba desapercibida. Su belleza era extraña, retorcida, no era el prototipo de las telenovelas, pero contaba con algo de lo que muchas carecían a esa edad: personalidad.

En tercero de secundaria, Dalila tuvo su primer novio. Todos se sorprendieron porque no era el típico rebelde sin causa del que todas estaban enamoradas. Jesús era todo lo opuesto: un niño bien portado, obediente y callado, al que le gustaba mantener un bajo perfil y, de vez en cuando, socializar en las maquinitas a la salida de la escuela.
Ahí conoció a Dalila, en una reta de Street Fighter. 
Para Jesús ese 23 de marzo, había sido un día normal, hasta la 1:20, hora en la que decidió jugarse sus últimos 5 pesos en una reta. 
Y ahí, como una visión, Dalila estaba masacrando a Vega con Chun Li, en una batalla épica. Los comentarios se centraban en la asombrosa manera de manejar a Chun Li, y más aún, era manejada por una niña. 
Poco a poco Dalila fue acabando con todos y cada uno de los contrincantes, hasta que llegó el turno de la reta de Jesús. El había elegido a Ryu y, con la concentración requerida, se disponía a jugar algo más que sus últimos 5 pesos.
Después de dos empates, Jesús pidió prestado para el último y definitivo combate pero ya era muy tarde: Dalila había ganado más que una partida.

Desde entonces, Dalila y Jesús eran inseparables. El la acompañaba a su casa al salir de la secundaria mientras ella le contaba lo mucho que le gustaban Los Caballeros del Zodiaco. Dalila iba a casa de Jesús a ver Los Supercampeones, a jugar Tetris o Super Mario. Juntos empezaban a trazar un destino que se vislumbraba maravilloso: días y días pegados a la televisión, comiendo helado napolitano mientras descubrían la maravilla del cosquilleo en la entrepierna.
O al menos eso pensaba Jesús.

Con el transcurso de los días, los padres de Jesús se empezaron a preocupar por su comportamiento; era irascible, todo el día estaba irritado y sus últimas calificaciones habían disminuido considerablemente. Lo atribuyeron al 'primer amor' y a la novedad de tener a Dalila -quien se había vuelto un poco absorbente- en su vida. No le dieron más importancia que la del amor adolescente.

Dalila, por su parte, había mejorado sus calificaciones, y sus padres no podían estar más contentos de que por fin tuviera un amiguito que era buena influencia para ella. Aparentemente Dalila estaba madurando y los berrinches dejaron de ocupar un lugar primordial en su hogar. 

Tardarían años en advertir que, el cambio de Dalila, solo era parte de una estrategia que, con el pasar del tiempo se convertiría en su estilo de vida.



Continuará...

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vomitado por Orizschna
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7/02/2014 02:49:00 p. m.


Estoy en un Applebees, esperando a que salga de la cocina mi orden que consta de sopa, plato fuerte y bebida con refill (menú jodido-ejecutivo de $109) mientras escucho atentamente la guaguara de mis acompañantes.

Tenemos la misma edad y contamos con universos abismalmente ajenos, unidos éstos por ese pinche eslabón al que osan denominar tiempo.

Update de rigor y tres vasos de té de limón y llega mi crema de broccoli (parece engrudo y sabe demasiado a crema y poco a broccoli). Al saborearla me doy cuenta que está más fría que mis ganas de estar en ese restaurant.

Sigo escuchando. Ahora pasamos al update de desconocidos (al menos para mí), esos que en el 2001 me valían verga y que en el 2014, con la homologación del IVA en la frontera, le añadí un 16 % más.
Juicios acerca de si está bien que 'X' haya comprado una lavadora de $7648986 pesos que se la mama en las mañanas o que 'Y' se casó pero que su pareja es súper ojete porque aún no quiere tener hijos. 

Comentarios random salen y salen de esas bocas que, al juzgar por su seguridad, cuentan con una vida estilo cuento de hadas que dejaría pendejo al mismísimo Walt Disney.

Después de la crítica -innecesaria- hacia esas personas, empiezan el interrogatorio hacia mi persona: ¿Porqué no te has casado? ¿Que onda con la chamba? ¿Ya ganaste la demanda? ¿Cuanto ganabas en tu anterior trabajo? ¿Porqué no vives sola? ¿Vas a entrevistas con ese arete en la nariz? ¿Desde cuando te gusta ese color? ¿A poco ya casi no pisteas, como te diviertes entonces? ¿Tienes novio?¿No? Entonces deberías de hablarle a Fulanito, esta soltero, gana mas o menos y se me hace que antes le gustabas'.
Preguntas y opiniones de ese calibre, ósea, todo un agasajo para su servidora.

No acostumbro contestar a raja tabla, muchísimo menos cuando la gente mastica, así que lo único que pude hacer en ese momento fue esbozar mi más dulce sonrisa para después, acto seguido, soltar una sentencia que desataría la Tercera Guerra Mundial: ' Tengo mucha hambre y no me gusta explicar cosas mientras como'.
Carita feliz, guiño-guiño.

Para entonces ya me había tragado mi crema de broccoli y estaba empacándome una pasta mas deshabrida que un capítulo de CSI.

Escuchaba sus opiniones y ante mi negativa de ahondar en esos terrenos, veía de reojo como sus rostros se enmarcaban con una extraña mezcla de incredulidad y decepción.
Varios fueron mis intentos para llevar la conversación a lugares menos polémicos, pero todos fueron en vano; al parecer mi cotidianeidad era un tema muy jugoso que tenía la virtud de sacar en mis acompañantes sus dotes de Paty Chapoy.

Continué comiendo los tallarines más eternos del mundo, no por su sabor, sino porque sin querer se habían convertido en el distractor ideal en el momento preciso, es decir, en medio de un cotorreo de proporciones oligofrénicas.

Poco a poco se iba acabando el tema -y mi pastita-, cuando alguien me preguntó que había hecho de nuevo (¿pipí esta mañana? pensé y me reí internamente).
¡Por fin! ¡Vaya!. Ahora sí podía contarles las cosas buenas -y poquito malas- que han pasado.
Empecé contándoles que había terminado un taller de Poesía y que estaba a la espera de una beca. No me preguntaban nada, de pronto las palabras se las habían tragado.

Lo omití y seguí contándoles que en 3 semanas inicio un Diplomado en Psicología Industrial y.........me interrumpieron categóricamente para relacionar -de una manera magistral, he de anotar- lo que yo les contaba con el hecho de que un ex novio de no se quien ahora vende droga, pero que se puso bien cerdo pero que no le hace porque tiene un pitote, pero que aguas porque ese wey golpea, pero que fíjate que si es un pitote descomunal.

Ya había terminado mi pasta afortunadamente (no hubiera estado bien que me imaginara un falo gigante con mil venas asesinas mientras mi plato parecían sus hijitos) pero al mismo tiempo me di cuenta de que ya no tenía nada con que salvarme; estaba a merced de la cháchara de lavadoras, tragedias, pitotes y bolsas Michael Kors y ahí, en medio de eso tan enriquecedor, me cayó un 20 gigante (más gigante que el pitote del ex novio): Confirmé mi teoría de que he sido un basurero tóxico. 
¿Que es un basurero tóxico? Quizá se lo pregunten.
Bien, les trataré de explicar un poco más.


Conforme pasa el tiempo las personas vamos llenando nuestro interior con residuos altamente corrosivos: temores, desilusiones, odios, dramas, miserias, etece, etece, y con esto poco a poco nos convertimos en un deshuesadero de chatarra, y lo que es peor, la mayor parte del tiempo es chatarra ajena.
En mi caso, me acostumbré a ir por la vida como si fuera un depósito de basura con patas donde la mayoría de las personas, con un placer casi siniestro, iban aventando esas cargas que, para ellos, se volvían cada vez mas estorbosas.
Sin buscarlo, siempre había tratado de ser ese hombro incondicional, esos oídos eternos de palabras ajenas, la que aconseja, la que acude si se lo piden.

Puedo decir -y cito a Gustavo Díaz Ordaz jaja- una persona tolerante hasta excesos criticados, pero desde hace algunos meses, esa tolerancia se delimitó, y no me refiero a los extremos, pero he aprendido a dimensionar las proporciones.
Con lo anterior se abrieron ante mí un cúmulo de hipótesis que al parecer pican fuertemente el culo de quienes las escuchan.

Por ejemplo: ¿Porqué las personas solo me buscaban cuando tenían un pinche drama épico en sus vidas, una onda tipo la Rosa de Guadalupe? ¿Acaso no soy divertida? ¿Porque son tan abiertos a repartir su miseria y tan celosos de su felicidad? ¿Porqué es más fácil hablar a calzón quitado de lo culero de la vida y tan difícil exteriorizar lo bueno que tienes?.

Es algo que no entiendo, y lo digo sinceramente porque a mi me cuesta trabajo una cosa y la otra.

No voy a mentir: la mayoría de mis amistades, esas amistades añejas y entrañables que he conservado al pasar de los años cojean de la misma pata, es decir, permanecen en un mismo escenario y al parecer lo único que cambia son los personajes y la talla de pantalón.
Cuándo caí en cuenta de lo anterior, mi primera reacción fue de enojo. Me dio coraje pensar que solo me utilizaban a su conveniencia cuando ocupaban algo o se sentían tristes. Luego vino una sensación amarga, una rara mezcla entre decepción y tristeza, que me hizo pensar que el problema recaía en mí y en mi personalidad en general (quizá si tenía el letrero de Biohazard colgado en la jeta).
Así pasó un rato donde iba del negro al blanco pasando por todas las tonalidades del gris. 
Hasta hoy.

Entendí que no es culpa de nadie. Así de simple.
Cada cual tiene su manera muy personal de ser, pero el pedo es que la elección es mía; los límites los tengo que poner yo, empezar -o seguir- a dar su justo lugar a las personas que solo buscan un target para su miseria.
De pronto ser una mejor amiga tiene un significado el día de hoy tiene un significado diferente a hace 10 años. Antes valoraba mucho la incondicionalidad, mientras que ahora el respeto se ha vuelto primordial.

Empecé a rodearme de gente que sabía filtrar las cosas, que me podía compartir lo bueno en la misma proporción de lo malo; personas que hablan de sus aficiones, gustos, trivialidades sin que una retroalimentación sea considerada casi casi traición a la patria.
Gracias a eso empecé avanzar, como hija, amiga y como persona. Estoy tratando de conocerme más, de disfrutar del yo, mis pasiones, por lo que mi nivel de tolerancia a la culerez per se no tiene cabida alguna.
Para mí ser amigo implica querer conocer, apoyar, ayudar, pero no solo en momentos donde te sientas de la verga y necesites escupir un monólogo de 6 horas; es sobreponerse juntos, para después estar agusto y vivir así, felices, lo que sea que dure.




Aguanté un poco más de dos horas en esa mesa donde no pegaba nada de aire frío. Me tomé como 5 vasos de té y, entre la crema de broccoli y la pasta entendí el porqué me sometía a esas reuniones, aunque fueran tan esporádicas: había dejado de ser un basurero tóxico para convertirme en una masoquista social.

Lo siento. Los lugares comunes han dejado de encantarme.

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vomitado por Orizschna
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6/25/2014 09:19:00 a. m.
Hoy todo es completamente paternalista, protector y abrazador, tenemos una ansia enorme de corregir años y años de errores y omisiones y buscamos insertar en las nuevas generaciones un chip de libertad, ese que tanto deseamos nosotros para cuando tuviéramos 30.

Cuando yo crecí, me tocó otra cosa: mi casa era lidereada por una mamá muy entrona (mi padre murió cuando yo tenía 7 años), que tenía que trabajar mucho para sacarme adelante -con un horario de 8 a 2 y de 4 a 7 para ser exacta-. Siempre tuvo el apoyo de mis abuelos y mis tíos, pero somos una familia pequeña de adultos en su mayoría.

La televisión tomaba parte activa como segunda educadora, y aún así me jacto al decir que era una niña que sabía perfectamente cuáles eran mis obligaciones: al llegar de la escuela sabía que tenía que quitarme el uniforme, comer, hacer la tarea y, después de eso, era ejercer eso a lo que yo llamaba mi libertad
Podía ver la tele, jugar, dormirme, limpiar o lo que se me hinchara la gana. Desde los 8 años dejé de tener el dedo acusador encima de mí y nunca fui de esas a las que les tenían que andar picando la cola con las calificaciones o los quehaceres.
Era muy feliz, pese a las situaciones familiares que vivía. Mi libertad se traducía en ver la Niñera mientras comía papitas con sabor a bbq.

Así eran mis días.

Me la pasaba dibujando, escribiendo, tejiendo historias con mis Barbie's o jugando a matar patos en el Nintendo.
Mis amigos venían a mi casa casi a diario, nos dábamos carrilla, nos empujábamos jugando futbeis o simplemente nos hacíamos bromas pasadas de lanza. Todos lo aguantábamos. Fue nuestro proceso de crecimiento; en el fondo entendíamos que la carrilla no era más que un montón de palabras estúpidas que no nos quitaban el sueño.

Recuerdo de manera muy precisa que en cuarto de primaria supe lo que era el cáncer. Recuerdo también que me marcó. Recuerdo también que conocí palabras como embolia, trombosis, fibroma, neumonía, que tanta mella hicieron en mi familia.
Lo superaron. Lo superé con todo y mi escasa edad con el apoyo de mi familia.

Siendo niños comunes y corrientes carecíamos de algo que, a medida que he crecido, he notado cada vez más marcado en las nuevas generaciones: la médula de la maldad per se.
Los chamacos fuimos, son y serán crueles por naturaleza; a veces existía la intención tácita de castrar al otro y algunas veces solo decíamos cosas que -sin querer queriendo diría el Chavo del 8-, terminaban por herir a los demás.
Pero nos reponíamos. Y rápido. Quiero pensar que se debía a que teníamos una mayor resistencia emocional, un umbral de dolor más alto.

No crecí ni de pedo en una generación exenta de divorcios, padres solteros, drogas, descuido, vaya, de malas decisiones en general. Igual dolía en el 89 que falleciera tu papá que en el 2014. La niñez que tuve fué golpeada más no arrancada de raíz. Y así tengo muchísimos ejemplos de amigos, conocidos, familiares.

Hoy veo las cosas diferentes.

Los niños juegan a ser adultos, opinando y compartiendo cosas sobre política, religión, drogas o aborto, mientras que los padres tratan de quitarse 15 años de encima actuando como mocosos irresponsables y dispersos, con ese slogan mamón de "sé amigo de tus hijos'".

La sociedad está tratando de reparar años de omisiones cambiando los papeles, protegiendo en exceso, dándole un peso a la juventud que no está preparada para soportar, puesto que han sido criados como verdaderos muñecos de cristal, unos muñecos a los que la carrilla los orilla a ir con psicólogo (no confundir con los verdaderos problemas emocionales), impedidos de jugar con tierra y ensuciarse, que son felices encerrados con su PSP4, tablets o teléfonos inteligentes (desgraciadamente, más inteligentes que muchos de nosotros).

Me puse a pensar en todo esto a raíz de un post que difundió un contacto en Facebook. Les cuento de que fué:
Ésta persona, profesionista, casado (a) con hijos, centrado (a), con una vida normal y tranquila (al menos es lo que predica), le tomó una fotografía a un muchacho con una discapacidad, -muy conocido en ésta comarca por platicar en exceso y pedirte 5 pesos para una soda- que tiene la misma edad que nosotros.
En la fotografía, este aberrante ser se tomó el tiempo de sacar sus dotes frustrados de diseñador (a) y le colocó leyendas que, textuales, decían: '1000% puñetero', 'dame una lana o te filereo', 'dime mongolito, mi reyna'.

Me pareció tan detestable.

Y fué ahí, cuando después de varios comentarios de mi parte (entre ellos recalcando la poca sensibilidad/madre al difundir semejante estupidez), caí en cuenta de lo siguiente:
¿Cómo podemos esperar que los niños o jóvenes sean sensibles y respetuosos si, nosotros como adultos, tenemos actitudes tan ridículas y dolosas?.
¿Con qué calidad moral enjuiciamos el bullying si a diario somos parte activa del mismo?.

Somos una sociedad hipócrita.

En realidad poco nos importa corregir o acabar con esa necesidad pinche de infringir dolor (esa necesidad que en pleno siglo XXI es totalmente arcaica); lo único que hacemos es solapar a nuestras conciencias, esas llenas de rencor contra quiensabequienes.
Es una especie de payback. Un 'a mi me lo hicieron, ahora que puedo que se chinguen'.

La autoridad se salió de las manos. Los maestros ya no la tienen, (en su mayoría) carecen de libertad de cátedra, no forman valores, vamos, no pueden ni siquiera reprobar al alumno cuando así lo amerite. 
Los padres son tratados como estúpidos por los hijos, carecen de voz a la hora de formar conciencias, dejan en manos de cualquiera la educación que, se supone, deben inculcar (la internet es más peligrosa que la televisión, por ejemplo, en las manos incorrectas).

Los niños, entonces, ya no son culeros, han sido catalogados con un sinfín de adjetivos que los alejan cada vez más de su realidad. 
Hemos criado a una horda de pequeños Mussolini's que creen tener absoluta autoridad por el solo hecho de estar. Son niños que exigen ropa Abercrombie. Son niños que usan smarthphones a los 4 años. Son niños con problemas de adultos: depresión, preocupados por el dinero, por el status quo.

Y los adultos nos hacemos ojos de hormiga, delegando responsabilidades ya no a la televisión, sino a  cualquier distractor que se atraviese, echándole la culpa a miles de cosas de nuestras carencias. 
Desdeñamos cualquier a cualquier persona que ose en interferir con lo que nosotros consideramos educar (aunque tengan la razón).

Los adultos jóvenes de hoy crecimos en una generación donde el remordimiento y la expiación eran totalmente necesarias. Hoy prestamos suma atención a que las juventudes no sufran como nosotros, no sean regañados como nosotros, tengan lo que no tuvimos (después de todo no queremos otra generación X), pero de manera habilidosa y convenenciera no prestamos atención al fondo de la olla.

No queremos ver el error, que está en nosotros mismos. Padres de familia que no pueden educar ni crear conciencia porque en el fondo no hemos dejado de ser unos adolescentes crueles y pendejos. Ahí es donde perdemos la batalla, donde nos lavamos las manos.

Es un gran poder el que tenemos y debemos usarlo correctamente. Tengas hijos o no los valores son universales, y siempre habrá momentos donde tengamos (aunque no nos guste) que hacerla de educador ajeno. 

No es una tarea fácil, se tiene que ir aprendiendo sobre la marcha.

Los niños no son de cristal, hay que dejarlos crecer, equivocarse y sobre todo, enseñarles que un perdón no debe ser considerado debilidad.

Como adultos, no debemos tener esas regresiones patéticas en donde busquemos, a toda costa, que nos vean como alguien cool y desenfadado, un cuate, esa persona prendida que siempre dice que sí. Those times are gone. Para eso tenemos -espero- amigos, sí, amigos, no hijos.

Si queremos predicar empecemos por nosotros mismos, erradicando esa pinche necesidad de menospreciar al más débil, de humillar por medio del insulto más vil y rastrero. Caigamos en cuenta que no podemos seguir solapando nuestras propias conductas y que nuestra crueldad chinga cada vez más, independientemente que vaya acompañado de un 'no quiero que te enojes pero....'.

Seamos ejemplo y así quizá, solo quizá, no tengamos que conformarnos con ser el amigo cool de nuestros hijos, sino lo que ellos verdaderamente necesitan: unos padres que puedan respetar.





vomitado por Orizschna
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6/16/2014 12:33:00 p. m.


Mucha es la oposición que ha tenido el Mundial en ésta última edición. 
Brasil atraviesa una grave crisis que se refleja en pobreza, inseguridad y desempleo, por lo que es entendible el descontento y la incertidumbre de su población ante el compromiso de sus gobernantes para ser la sede de la Copa del Mundo 2014 (y lo entendemos porque aún en México acarreamos los estragos de impuestos creados para sufragar gastos de ésta índole).

Cada 4 años se desata la misma revolución: salen de su cauce caudales inmensos de fanáticos del soccer que solamente son comparados a la cantidad de detractores del mainstream o de lo que ellos llaman 'el mayor distractor del mundo'. 

Fanáticos rayando en la veneración exagerada, nacionalistas perpetuos cuya devoción se traduce en prometerle medallitas de oro al Santo Niño Futbolero.
Haters de la movilización masiva, fundamentalistas de vanguardia que jamás han visto un partido completo, que confunden Lituania con Letonia.

Cada 4 años se genera el mismo debate y se cae en la misma zona de confort, ese lugar oscuro que mancha, como aceite al agua, la verdadera raíz del evento. Exactamente cada 1460 días se busca, de manera exagerada, la politización del deporte.

Es imposible ignorar las condiciones sociales que atraviesa la sede mundialista, puesto que la infraestructura requerida para tal acontecimiento se traduce en un menoscabo de los recursos económicos del país en cuestión. Inversiones multimillonarias que van directamente a la creación y remodelación de estadios, publicidad y marketing, embellecimiento de las ciudades sede. Debido a la situación actual es evidente que la población brasileña esté encabronada y lo que le sigue pues, al igual que en México, nunca se les pide opinión ni existe un consenso (la negligencia de los gobernantes no tiene fronteras).

Con este panorama, las opiniones de nosotros los mexicanos son completamente tendenciosas, puesto que se critica a la FIFA como si ella decidiera arbitrariamente. Peor aún, se critica al deporte en sí. Nos vamos convirtiendo de a poco en periquitos parloteros que repiten incesantemente la misma frase panfletaria.
Somos los que nos quejamos de la nefasta influencia de las grandes televisoras nacionales pero repetimos y peor aún, difundimos, las medias verdades generadas por las redes sociales. Las tomamos -a las redes- como una gran incubadora de sentencias incuestionables, escudándonos en la cobardía que nos brinda el pensamiento ajeno y el anonimato.

Ejemplos hay varios: en épocas electorales no faltan los mil-ocho-mil memes mofándose de los candidatos, otros tanto cuestionándolos de la manera más ramplona y algunos buscando crear conciencia social, invocando lugares tan comunes como Emiliano Zapata, el EZLN o la mítica frase tierra y libertad.
A todos nos sale lo ultraderechistas o lo rojillo y el denominador es la verdad cuasi absoluta de las teorías políticas propias, que envidiaría hasta los mismísimos Montesquieu o Rousseau.

Y bueno, el mundial no está exento de eso.

Cada 4 años brotan como corona de lágrimas los fanáticos de la Selección Nacional (con jersey incluído), esos que se empedan en cada juego eliminatorio.
También salen los villamelones (muchas mujeres incluidas), que no tienen ni idea de que es un tiro libre pero cargan con la matraca y el rostro pintado tricolor.
Por último, los que odian al fútbol, los que lo escudriñan y satanizan, los que lo elevan a la categoría de culpable (sin juicio justo) del aborregamiento de la sociedad mexicana.
Dicho lo anterior, tenemos a tres grupos primordiales: fanáticos, villamelones y haters. 
Este post es para los últimos.

En éstos días he leído una gran cantidad de opiniones respecto del Mundial; desde las frívolas opiniones de la inauguración hasta el último juego hasta la fecha.
Opiniones hay muchas: 'ay! que guapotes los de Bosnia' (cosa que es incuestionable).Vamos, no puedo negar  la belleza masculina que desfila en esas canchas (googlear a Hulk, Marcelo, Spahic, Piqué) , pero también existimos quienes disfrutamos, aparte de la buena pierna pambolera, de una atajada magistral o una goliza bien puesta (España-Holanda, Alemania-Portugal).

Las opiniones más simplistas y reaccionarias son las que se traducen en lo siguiente: 'durante el Mundial el Senado aprobará las reformas aprovechando que la población está distraída'

No se si reír o llorar.

Vuelan las publicaciones compartidas, los artículos, donde se de dice, de manera tajante, que el gobierno votaría las reformas (sí, así en lo general) durante el mes del mundial, todo para que el pueblo no la hiciera de jamón y estuviera distraído con eso que nos apendeja tanto.

No mamen.

Somos un pueblo distraído desde tiempos ancestrales, teniendo como referencia que somos hábilmente seleccionadores de nuestros apendejamientos, he de anotar.
Decir que el gobierno votaría las reformas (de nuevo, así mero en todas sus instancias) en éste periodo debido a la Copa del Mundo no es más que una muestra fehaciente del afán coatlicue de sentirnos el ombligo del mundo, creadores de un movimiento revolucionario que solo existe en nuestros IPAD's, escrito en algún Starbucks.

Somos una sociedad pasiva y gritona; nos especializamos en debatir con un desconocimiento total, diciendo las mentiras con tal convicción que poco a poco vamos creyéndolas.

Hacemos propias las causas ajenas (como la situación carioca) y, como la habilidosa zorra, no nos queremos ver la cola.

Lograr una revolución de pensamiento va más allá de compartir como demente memes picarones, cuya crítica social proviene del Perro Guarumo. Ésta revolución lleva implícita una responsabilidad personal, una que ni de chiste tomamos en serio y que se llama convicción.

Hablamos de las reformas con una generalidad grosera. Pocas son las personas que utilizan  éste gran universo llamado internet, que agarran un libro, vamos, que leen para fundamentar sus posturas. De ahí se deriva, precisamente, que el fútbol (o casi cualquier cosa) tenga la culpa de nuestra apatía.

Los procesos legislativos no tienen quorum ciudadano, así que las reformas se votarán sin nuestra consideración. Así ha sido desde siempre y, de verdad se los digo, no lo cambiaremos compartiendo imágenes en Facebook o Twitter donde culpemos a cualquier evento del acontecer nacional.

El mundial se ha jugado pese a épocas de crudeza e inestabilidad (Segunda Guerra Mundial), y se ha buscado distraer, en el buen sentido, a la población, intentando que prevalezca el espíritu de unidad de naciones por medio del fairplay. Quizá ahí radique la crítica convenenciera: criticamos lo más fácil, no exigimos en cuestiones de verdadera relevancia. Decimos que es un distractor y pasamos más tiempo odiándolo que conociéndolo, centrando nuestra inconformidad en algo que dista mucho de poder modificar la situación actual en que vivimos. 

El fútbol per se es un deporte hermoso, que debe de ir más allá de situaciones políticas y, para poder desmenuzarlo, hay que conocerlo (y con ello me refiero a no repetir como periquito lo que nos dicen en las noticias), crearnos un criterio.

Un deporte jamás será responsable de quien lo elige como estilo de vida o como entretenimiento, de tener miles de hinchas que prefieren ver un juego al canal del congreso.
Esos que esperan que Messi o Neymar o cualquier atleta se manifieste por las causas justas son los mismos que aplaudieron a Jared Letto con su influmable speech al aceptar su Oscar.
Esos son los pasivos que van por la vida buscando palmaditas en la espalda, aunque no le sirvan de nada.
Si canalizáramos nuestro odio a cosas con más sustancia, con un fondo, seríamos otros. Ahí se puede resumir muchas cosas: preferimos el pretexto a la acción.

A manera de conclusión, los incito a defender la libertad. Decidamos que ver o que no ver, pero seamos respetuosos de los gustos ajenos. Si no gustas del fútbol, estás en tu derecho, pero deja a los demás disfrutar de él, porque seguramente habrá muchísimas personas a quienes tus aficiones le parezcan ridículas o innecesarias. Dejemos de mezclar la gimnasia con la magnesia y aprendamos a argumentar porque, después de todo lo dicho, la política está llena de villanos y el fútbol no es, ni por mucho, uno de ellos.

Hay que entender que, en un mundo ideal, no tendríamos la necesidad de culpar a nadie de nuestros errores como sociedad ni los malas decisiones de nuestros gobernantes, no andaríamos buscando chivos expiatorios para lavar nuestras conciencias. El fútbol jamás tendría la culpa.

otro presente aquí  Efra

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vomitado por Orizschna
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6/09/2014 12:10:00 a. m.

Implacable. Misterioso e inamovible.
Un romántico misterio.
Futuro. Tan ambiguo. Tan lleno de interrogantes que, de a pronto, te van llenando la garganta y la cabeza de miedo, odio, cerrazón.
El futuro es un lugar de verbos más que de actos. No hay una seguridad total.
Correré. Amaré. Dormiré. Despértaré. 
Todo conjugado correctamente, de una manera soberbia y panfletaria.
En ésta edad de (des)ilusiones queremos a futuro por una sencilla razón: lo tangible nos da miedo. Mucho.
No hay certeza más hermosa que los castillos en el aire, tan llenos ellos de sueños cumplidos y triunfos festejados.
El hoy poco importa, lo que necesitamos es el motor de lo incierto; el motor que nos lleve hacia el camino de la plenitud y la cercanía, ése, ese que no vemos en el hoy y solo estará en el mañana.

Ahí es cuando sonrío, con un gesto siniestro: 
No soy material de ilusiones a futuro. No creo en los Reptilianos y Volver al Futuro no me gusta porque ¿quién quisiera volver del futuro? ¿Quién en su sano juicio volvería al lugar que tanto evadió?. Yo no.

Yo siempre he sido de presentes.
La primera que dice presente a causa de su apellido.
La  que llega con un presente a la fiesta.
La que nunca se hace presente en los convencionalismos sociales.
La que solo se sabe tiempo presente.
La que a diario está saboreando el presente.

Soy del aquí y soy del ahora.

De la cerveza helada.
De la tortilla caliente, en mi mesa.
Del calor golpeando mi frente, en Junio.
De la música que suena allá afuera, entre el tráfico.
Del segundo y su sonrisa.
De lo que duele y no de lo que dolerá.
De la que escribe y le da click.
Del aire fresco.
De la gota incesante de la regadera.
Del olor a margaritas.
De la sonrisa cómplice.
De las complicadas manías.
Del brainfreeze.

No niego la existencia del futuro pero eso será mañana......................y mañana ya nada será igual.



        * Este proyecto -que incluye en gran parte el compromiso y la constancia, hábitos muy olvidados por su servilleta- es conjuntamente con un amigo letroso, ávido, como yo, de una válvula de escape que nos permita diseccionar tanta cosa atorada por medio de letras, tan olvidadas hoy en día. Gracias a los que siguen leyendo y les recomiendo a mi compa El Alecuije;  créanme, tendremos algo que decir.

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vomitado por Orizschna
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4/30/2014 12:59:00 p. m.
No sé porqué las personas se preocupan por que uno disfrute la soledad.
Sí, por alguna extraña razón les parece preocupante que prefieras quedarte en casa a cualquier otra actividad que ellos consideren 'cool' o 'chida'.
Desde niña he disfrutado de estar sola y, aunque al principio no era una opción, poco después fui agarrándole el gusto a mi entorno, a mis rutinas, a lo que me hacía feliz.
Muy pocas personas han entendido lo que significa la soledad para mí. Algunos ni siquiera se toman la molestia de preguntarlo, sino que solo enjuician de la manera más frívola posible a eso que para mí es un estilo de vida.
No hay que confundirse: me gusta la fiesta, disfruto de mis amigos, de mi familia; disfruto salir, convivir por convivir y todo lo que conlleva, pero soy de esas que sabe decir too much, y es ahí cuando entra mi necesidad de 'enclaustramiento' -como mamonamente lo definen algunas de esas personas pendejas-.
Es entonces cuando no es que odie al mundo, sino que disfruto el propio. Antes me costaba muchísimo trabajo hacer cosas sola -siempre tenía que 'traer cola'- y hoy es todo lo contrario.
En mi soledad he encontrado libertad; libertad de hacer, decir, escribir, ver o viajar. Esa libertad que no puedo tener con las personas, porque aquí no hay necesidad de explicar nada: las cosas las hago por y porque quiero.
Disfruto mi entorno, cocinar, dormir o ver series. Puedo salir de compras y tardarme el tiempo justo o más de lo necesario. Escribo mucho y leo más de lo que acostumbraba, literalmente, me devoro los pinches libros.
Plasmo mis ideas en donde se me da la gana y no tengo que justificar -quizá por eso últimamente tengo tantos problemas con las autoridades, las personas chupadoras y preguntonas- absolutamente nada.
Gracias a esta nueva etapa de autosoledad disfrutable, he descubierto muchas cosas de mi persona: gustos, hobbies, teorías y caí en cuenta de que pasé mucho tiempo haciendo cosas que en realidad no me gustaban, diciendo que sí cuando queria decir no, diciendo no cuando en realidad era si, etc., etc.
Me di cuenta de que esos amigos no lo eran, que ese amor incondicional era una falacia, que algunas personas a las que no les prestaba tanta atención son muy importantes, que amo mi carrera pero la detesto en la práctica, que no soporto muchas cosas pero que amo miles y millones de cosas más.
Estar sola me ha permitido conocer la dualidad más cabrona que hay: la interna, y poder afirmar, sin ningún tipo de empacho, que esa dualidad es la que me jode.
Dicen por ahí que no hay soledad sin solitud, yo no pienso eso. Estoy en el proceso de conocer y enamorarme de mí misma, y hasta hoy, es una de las cosas que mayor satisfacción me ha dado.

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vomitado por Orizschna
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4/28/2014 02:02:00 p. m.

vivo entre libros siniestros
unos locos
otros tiesos
me desgarran las entrañas
se encarecen en mis ojos
tejiendo mil telarañas
de historias que no han cruzado
por mis párpados sus pasos
poniéndome al mundo en calma
teniéndome entre sus manos
y encajonada respiro
un temor tan a descaro
por leerlos sola y cierta
sintiendo con desafano
la alegría que da inundarme
de palabras endulzadas
ya después de a poco siento
el cansancio exacerbado
de pasar por lo imposible
al soñar mundos pintados
entre ecos de tibia tinta
que hablan en labios cansados
que destazan infinitos
en éste umbral cotidiano.

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vomitado por Orizschna
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4/22/2014 01:34:00 p. m.

Conforme pasan los años, las personas tendemos a ir perdiendo la identidad. Nos comportamos como seres autómatas que únicamente tenemos en común una cotidianeidad que, al pasar de los días, se va volviendo aplastante y corrosiva.
Las cosas suelen ser diferentes, las perspectivas cambian y la manera de expresarnos dista mucho de revelar aquellas cosas que nos caracterizan.
Por ejemplo, los amigos. 
¿Qué era aquello que nos unía? ¿Cómo llegábamos a conocer a esas personas a las que llamamos amigos?.
La identificación era en base a compartir no nada mas situaciones o la cotidianeidad misma, también se basaba en externar, sin tapujos ni complejos, las cosas que nos definían, que nos hacían felices o nos cagaban la madre.
El punto era ese precisamente: compartir.
Hoy en día, sinceramente me asusto de lo poco que compartimos con las personas; únicamente seleccionamos aquellas cosas que consideramos sobresalientes, dignas de contar o en su caso, capaz de provocar sentimientos de envidia o superioridad.
No hablo nada más por hablar. Lo he vivido.
Cada vez me parece más vacío ese círculo que alguna vez osé en llamar "de amigos". Siento que, con nuestra llegada a la mediana edad, cada uno de nosotros ha elegido caminos que poco a poco se van alejando de lo que alguna vez fuimos o quisimos ser.
Por ejemplo, es casi imposible conjuntar los universos para vernos. De verdad, es una pinche odisea que se pueda concretar un espacio en la apretada agenda para algo -omitamos las cervezas banqueteras-, y casualmente ese 'algo' siempre tiene que tener un motivo específico, sea que ya es justo verse después de un año, o porque alguien se casó, se quedó sin chamba, consiguió chamba, tronó con la novia, etc., etc.
Ha muerto ya la espontaneidad en una ciudad donde nada es más lejano de media hora en carro.
Cuando se da esa conjunción de universos, los silencios incómodos son parte de la reunión: después de contar las cosas mas relevantes, nos quedamos sin temas -eso antes no pasaba-, y el silencio se convierte en el toque de queda para emprender la huída de cada quien a su guarida.
Me niego a creer que ese círculo ahora solo se pueda definir como seres individuales autodenominados 'trabajadores', 'padres de familia', 'esposo/a'. Quisiera tener la misma empatía por ellos como la tenía antes, poder abrirme como solía hacerlo y con ello mostrar mi realidad actual, mis gustos, pasiones, sueños o proyectos, sin verme interrumpida por cosas tan insignificantes como el mejor supermercado o el mejor celular.
Es una lucha constante y, creo, estoy perdiendo.
No me niego a la idea de un cambio, sino todo lo contrario, creo que el cambio que hemos sufrido como personas debe de mejorar cada aspecto de nuestra vida, no obstante se tiene que respetar la individualidad y el proceso de crecimiento y madurez de cada persona.
He respetado su proceso, aunque esto signifique que me mantengan al margen, pero ahora pido respeto por el mío.
Parte de mi madurez se basa en aceptar que me gusta y que no, mostrarlo y no tener la necesidad de defender cuestiones que, para mí, sin defendibles por sí mismas.
Sin duda me quedo con esas personas que, con el paso de los años, han sabido respetar mi individualidad, cuya reciprocidad ha estado presente no importando si nuestros caminos son parecidos o no. A esas personas admiro, quiero y respeto porque han sabido mantenerse en un entorno donde el deber ser pesa más.
No hablo desde una postura encabronada, más bien hablo nostálgica porque los consideré personas valiosas en momentos cruciales.
Y con la nostalgia por delante es, hasta hoy, que me digo a mi misma que no es justo para mí el justificar acciones en base a los recuerdos. 
El pasado solo es eso, sucesos que ocurrieron en un periodo de tiempo anterior a mi presente, fueron. Su función debe ser el de esbozar una sonrisa, pero allá se deben de quedar, en el cajón de cosas que uno evoca sin un pretexto, tan solo porque sí, pero me rehúso a que sigan como parte fundamental del ahora.
Lamentable -o afortunada,solo el tiempo lo dirá- mente, son pocas personas las que lo entienden. Sustanciosas, complejas, indescifrables, pero pocas, aunque, después de todo, no hay que confundir la soledad con la solitud. Ésto no es más que una opción y muchas de ellas eligieron ya. Les recuerdo que aquí no hay malos ni buenos, solo habemos.

AUDIO
Pharrell- Happy





vomitado por Orizschna
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3/17/2014 08:37:00 p. m.

No es tu culpa
Nos escondimos en una realidad alterna
en un mundo de letras
Dejamos de lado la humildad
con la que podíamos entablar
una conversación mas o menos cuerda.
No es mi culpa
pues he de decirte
que perdí la chispa
que me brillaba en los ojos
cuando se miraban en los tuyos.
No es culpa ya de nadie
pues la vida a fin de cuentas
es la misma
las letras son las mismas
pero nosotros mutamos
en lo que no queríamos.
Nos pasó justo eso
dejamos atrás
los momentos felices
y convertimos al ahora
en nubes oscuras
sin percatarnos
que el tiempo mismo
por sí
no se devuelve.
Nos pasó como al cáncer aquel
que arrancaron de raíz
y dejo de ser 
un cáncer en sí
y mutó
en lo que nunca sirvió
y anidó
en lo que nunca debió.
Es por eso que ahora
te hablo a escondidas
porque mi voz no se atreve
a decirtelo si no es así
entre líneas
tan absolutas y tan ciertas
como el tiempo pasado
que poco a poco se convirtió
en el juego aquel
que tu naturaleza definió.



vomitado por Orizschna
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7/21/2013 01:56:00 p. m.
Y después de tantos años heme aquí. 
Hay que aguantar lo que uno construyo. 
De lo demás ni hablamos. 
Siempre la cabeza agachada estará dispuesta a no meternos en problemas, porque los problemas llegan a ti cuando aprendes a decir que no. 
No bastan los discursos, ni las palabras, ni los perdones. 
Tampoco se pueden borrar los recuerdos de casi una treintena de años. 
Esos se quedan en la mente y anidan llagas huecas en el corazón. 
Somos lo que somos porque nadie nos pregunta que sentimos. 
A nadie le importa. 
Así que hoy, un domingo cualquiera, me quito mi máscara y aprendo a esconder esa poca honestidad que me queda. 
No sirve de nada. Sólo empeora las cosas. 
Si si sí si. Palabra que tengo que meter en mi cerebro y enseñarle a mi boca a usar todo el tiempo. 
El camino no será tan difícil supongo. 
Me ahorrare sermones y opiniones pedidas, después de todo, al mundo le importa una mierda lo que tenga yo que decir. 
Y tu, si, tu, no vengas ahora a decirme que quieres conocer y saber y escuchar. 
No te creo. 
Ni tu me crees a mi. 
Somos tan intangibles que no podríamos siquiera reconocer la mierda que cagamos. 
Aplausos! Ha llegado la hora de la frustración!  
He perdido la dirección. Le metí tercera y ya no se dónde estoy. 
A punto de. 
No se. 
La única seguridad que me queda es que ya no tengo corazón porque lo poco que me quedaba me lo acabo de comer en un guisado con verduras. 
Si. Así de mierda soy. 



vomitado por Orizschna
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6/17/2013 07:26:00 p. m.
Soy puras respuestas. 
Échame las preguntas que no habrá duda que se quede sin disipar. 
Desde este aula llena de letras. 
Desde el confin del infinito.
Estas buscando donde vas a encontrar. 




vomitado por Orizschna
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5/05/2013 10:41:00 a. m.
El poder encontrarse a sí mismo no se traduce en una cuenta de banco, hay huecos que se tienen que llenar, escarbar para encontrarlos.
Todo se reduce a responsabilidad.
Responsabilidad de lo que hace tu cuerpo.
Responsabilidad de lo que piensa tu cabeza.
Responsabilidad de lo que sale de tu boca.
El camino de la introspección se lleva en solitario, no de la mano de falsos amigos y cervezas vacías.
Es un proceso, y como todo proceso debe ser sistematizado.
¿Qué sabe alguien como yo de procesos?
Nada.
Un eterno círculo de nada.
Y es ahí donde entran los deseos, sueños e ilusiones.
Quiero saber. Saberlo todo.
Tomarme la vida como es.
Saborearla y a destajo eliminar esos huecos.
No se bien por donde empezar.
Quizá mi esencia esté torcida -eso de ser aprehensiva no ayuda- .
Voy iniciando ese camino porque al menos estoy segura de que no quiero.
Y no quiero eso que tu tienes para darme.
Es muy difícil distinguir lo que eres y lo que das, yo quería a lo que eras.
Ese intercambio de ideas, nutrirme de ti como sí fueras agua de coco en verano.
Lo que das no me sirve.
Observo a mi alrededor y conformarse con migajas no es lo mío.
Simplemente me traicionaría. Y con ello a ti.
A ese tu que yo quería.
No puedo fingir que me gusta el monstruo en el que te has convertido.
No soy ella.
Esa que te consecuenta. Que te aplaude Que ahora te admira con tu falso discurso y tu moralidad torcida.
No puedo ser como todas y quejarme pero poner buena cara ante todos, para que nadie tome a mal mi inconformidad.
Justificarme con estupideces tan baratas como 'el me hace reír'.
No ocupo un payaso, sabes?
Ocupo seguir mi camino y, con ello, dejarte atrás, muy atrás, donde no encuentres ningún autobús para regresar a la ciudad.




vomitado por Orizschna
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4/04/2013 12:58:00 p. m.

A Doña Nadie no le importa
Ella cree
Quiere vivir creyendo
Ocultándose la verdad que se le escupe
Doña nadie no cuestiona.
Siempre correcta
Bien puesta
Las buenas maneras
y esas pendejadas que nos ha enseñado la televisión.
Doña Nadie no se sabe Doña Nadie.
Y ve la vida
Y espera que la vida la tome a ella
y le de de chingadazos
todo para despertarla del letargo
en el que se ha sumido por decisión propia
Doña Nadie, tan buena, tan frágil
Tan engañosa y posesiva
erradicando lo bueno y desdeñando lo malo
escudriñando las vidas ajenas
Ah, Doña Nadie.
Nadie le dijo a usted que la vida se vive
no se comparte.



vomitado por Orizschna
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3/13/2012 04:36:00 p. m.
Cuando me veas barbón
y usando suéter cachemir
no te acerques
no digas nada

... ando mal

traigo caspa en los ojos
lagañas en las manos
mocos en la boca
escurrimientos en el corazón

Entonces soy el cerebro
cansado de pensar

El alma inservible
del viejo transistor

El perro abandonado
por la niña de labios rojos

Y soy también
todo lo idiota que puedas imaginar.

Cuando me veas caminando
y hablándole a la calle
no te acerques
no me llames

ando mal

Se me ocurre matar
a la señora del peinado raro

al estudiante de zapatos blancos

a la muchacha que ríe y ríe y ríe

Se me antoja morir

a las cinco de la tarde

a las diez de la mañana

el lunes el martes el miércoles

y los días de guardar

Se me olvida tu nombre
tu cara
Se me olvida lo que te dije ayer
cuando te quería

Cuando me veas sentado
enfrente de tu casa
llama a la policía
Saca el cuchillo cebollero
Y vigila tras la cortina

Ando mal
y estoy pensando
en subirme a tu cuerpo
morder tu cabello


lamerte las manos
chuparte la boca
romperte el vestido
y quedarme pegado a ti
así
todo el día

Llama a los vecinos
Al presidente de colonia
Al diputado Barraza
A los ángeles azules
A san Benito
A san Cuauhtémoc
A san Nicolás

Llama al imbécil ese que tanto te gusta

Ando mal
y estoy pensando.

Cuando me veas leyendo
un libro de forros desgastados
huye despavorida:

un cadáver exquisito
me está enseñando
a odiar al mundo
con minucia selectiva








Me está diciendo
que todo se repite

una y otra vez
una y otra vez
una dos tres

Me está poniendo en la cabeza
pájaros moribundos
asteroides destrozados
kilos de ceniza
chapopote burbujeante
y gordas cucharadas
de inanición

Entonces soy todos los defectos de la Historia

La garantía vencida el mes pasado

El agujero a donde se te fue la risa

El cumpleaños en que nadie tocó a tu puerta

La sensación

de no estar haciendo
algo bueno




con la vida

Soy algo informe
que te informa
de lo que nunca te querías enterar...

Pero si un día me ves esperando
a que pase un taxi
cerca de la madrugada
y respondo a tu saludo

detente
abre la puerta
invítame a subir
llévame a casa
y platícame sin prisas
cómo es que te va
Pasaremos un buen rato
recordando aquella vez en que…





Fernando Paredes. 




vomitado por Orizschna
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This is the end
My only friend
corazon
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