La belleza en el fango

5/17/2016 10:25:00 p.m.
El sábado será un año más y me enteré que Sir Paul dará  un magistral concierto en Coachella, aquel pueblito  de humo al que huías cuando Chicalo no te daba un respiro.

Mientras escuchaba Something desee, por varios minutos, que pudieras estar a mi lado, aunque sea vien el streaming, para tomar mi mano y decirme 'Hija, algún día lo veremos juntos'.

Pero no estaras y tú mejor que nadie sabe que mamá no disfruta de la música como lo hacíamos tu y yo, en esos domingos de abril donde no hacía calor, donde sacabas una silla, la guitarra, un doce y carne seca al patio.

Esos domingos donde podíamos pasar de Los Tigres del Norte y su Camelia la Texana al Rubber Soul, de Pedro Infante a Janis Joplin.

Esos domingos que ya no se repetirán.

Y observaré a la gente gritar, escucharé Live & let die y me acordaré de ti, de tu air guitar. 

Y te extrañaré pa, como siempre, porque dejamos muchas cosas por hacer y hoy caí cuenta.

Sigo enojada apá, y mucho. No se cuanto dure este pedazo de mi corazón endurecido pero sigo culpando a todo y a todos.

Porque sin tí me quedé sin mi mejor amigo, sin mi héroe.

Tu crees pa que podré olvidarte de la noche a la mañana? El recuerdo no me es suficiente y el olvido no es una opción.

Te quedaste conmigo tan pocos años y me enseñaste tantas cosas.......que ahora no se con quien compartirlas.

Me hubiera gustado decirte todo esto apá, en serio, pero creo que mis grandes ojos café intentaban hacerlo cada vez que me despertabas con mis waffles, cada vez que me comprabas ropa, cada vez que íbamos al cine tu y yo, solos, sin decirle a mamá. 

Eres y serás por siempre mi gordito favorito, el responsable de formar a ésta que escribe, el que me compró mi primer cassette, el que me escribía cuentos,  el que me dijo que una mujer no debe de aferrarse a un hombre, el que compartía mi vida, mis sueños, el que usaba su sarape de las Chivas, el mejor hombre que jamás conocí.

Jefe, como tú no habrá nadie, nunca. No hay un solo hombre en esta tierra que se compare con la grandeza de tu alma, que tenga una maestria en el arte de ser padre y esposo.

No pude despedirme apá, ya ni la chingas, aunque no hubiera existido preparación alguna para despedirme de ese pinche ser humano tan chingonamente perfecto.

Todo fué tan rápido, tan impresionante. Me arrancaron un brazo, una vena, una arteria. Te llevaste mi sonrisa más sincera y mi fe, la poca que tenía, la poca que compartíamos.

No tenía que ser así Güero. Me quedaba una vida para dártela. No pudimos ir esa última vez a Disneylandia, no me viste graduarme, no te dejaron. 

No pude darte tu regalo del día del padre ese año -ese que sigue ahí en mi cuarto, envuelto, ese libro de los Beatles- ni cocinarte yo esas  pechugas con crema y arroz verde que te acababas siempre.

Me quedé con los te quieros atorados, con las lágrimas mochas al verte ahí, acostado, como si nada pasara. Me dejaste  traumada con las campanadas, con los coros y el puño de tierra.No me escuchabas jefe. Ni aún cuando te perdi de vista y bajaste con A mi manera de fondo. No apá, ese ya no eras tú.

Ya nunca más podré escuchar tus regaños, ni tus consejos, ni tu voz. Ya no hay quien me haga sentir la mejor del mundo, su orgullo, que me mire a los ojos y lo haga desinteresadamente, con todo el amor que alguien puede sentir por mí.

Quien va a cantar en mi boda pá? Quien me iba a comprar un vestido negro para la ceremonia civil? Quien va a apretarme la mano cuando esté pariendo? Quien me podrá llevar hasta el fin del mundo de ida y de regreso para no volver jamás? Quien me dará mi  beso de buenas noches y me dirá que huelo a hot cakes? Quien va a estar ahí cuando todo fracase, cuando mi mundo se vuelva contra mí, cuando necesite de tus brazos, de tus burlas? Quien me acompañara a visitar una cantina a las 12 del día, tomarnos una caguama e ir por un siete mares?.

Nadie. Y si hay alguien no serás tú.

¿Me dejas chillarte un rato, chief? Prometo que será de alegría, porque un día como hoy aún estabas a mi lado. Y recuerdo tu sonrisa. Y recuerdo hasta que ropa traías y que comimos.

Papi, te necesitaré siempre, porque estás en cada taco al pastor que me como, en cada canción de Los Beatles, en cada Bohemia, en cada canción de Rockdrigo. Y te doy las gracias, infinitas, por hacerme tantito como tu: por enseñarme a ser luchona, a pensar, a actuar. Por ser tu réplica en tantas cosas.

Me dejaste bien sola pa, pero sabes? Se que en un futuro no muy lejano estaré subiendo la Stairway to heaven para rockear juntos y tomarnos una de hidalgo pal' calor y juntos decir Here comes the sun, and I say, It's alright.

Te amo apá.

 

Turn off your mind relax and float down stream It is not dying, it is not dying

 Lay down all thoughts, surrender to the void,It is shining, it is shining.

 Yet you may see the meaning of within It is being, it is being

 Love is all and love is everyone It is knowing, it is knowing

 And ignorance and hate mourn the dead It is believing, it is believing

 But listen to the colour of your dreams It is not leaving, it is not leaving



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2/11/2015 02:34:00 p.m.

I.
La disponibilidad me enamora
más de ti que no haces nada
levanto la cara y pienso
¿sigues aquí porque quieres
o porque yo ya no siento?
Tu me acortas el camino
al tabú y a la ignominia
y entre papeles corrientes
lo trivial es que me ausente
a mis sueños desvanecidos
Gracias a ti que descompones
mis relojes y mis horas
trayéndome en tu bolsillo
como a un mini Al Capone
con complejo de bandido.

II.
Soy la brisa en tiempo fresco
ese candor dominical
esa raya putrefacta
que inhalaste sin chistar
Voy a diario entre veredas
de pelitos sin peinar
voy comiendo ese cerebro
que tu tienes sin usar
Miro luego de reojo
que culpaste sin pensar
a ese pobre polvo blanco
que te daba bienestar
Ya me voy así no juego
no habrá sueños rotos ya
es momento de clavarme
en tu trémula ansiedad.

III.
Callé ayer, hoy y lo haré mañana
quiero el antier y para siempre
arquitecta soy del destino enfermo
que me maldice entre dientes
Voy queriendo lo imposible
dibujo en lienzos nocturnos
no soy sino quien está viviendo
a diario en este inframundo.

IV.
Trataste de disuadirme
alejarme de la cama
y en un tétrico acto valiente
te comiste mis entrañas
Ya te veo con optimismo
desde esta verde ventana
yo misma he cambiado el cuento
de la princesa encantada.



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1/29/2015 01:49:00 p.m.
Descubriendo el mundo.
Re descubriendo lo que no me gusta de él, lo que amo también.
Planes, mil cosas en la cabeza.
Pilas y pilas de libros por leer. 
Gazapo se me awita, también Capote, pero, bueno, ellos saben que en éste corazón adolescente primero va esa bruja mala, verde, llena de escamas que es tan incomprendida, tan poco valorada.
Trabajo, hago todo mecánicamente para poder dedicarme a lo que me apasiona.
Imprimo guías de estudio y si, estudiar una segunda carrera es cansado, más aún cuando ya se perdió un poco la práctica del estudio y de la autocrítica.
Los amigos se han hecho pocos, muy pocos, pero sustanciosos. No cambio los momentos, pero los valoro diferente, cada uno en su sana dimensión.
No hay nada por encima de mis decisiones. No cuestiono y trato de no juzgar a la ligera. 
Vaya, el único propósito para este nuevo año es precisamente el no dar explicaciones, sean requeridas o no, salvo una sola excepción.
Después de un 2014 tan lleno de trabas, la poesía llegó en su justo momento, le dio certeza a lo sublime, a lo de fondo.
Y con eso pude ver la maravilla de Boyhood con otros ojos, con ojos que leyeron frases que daban right in the kisser. También Birdman. Y espero The Ravenant. Así mucho.
No he dejado de ser, pero creo que este camino me va a llevar a ser quien soy en realidad.
Un paso tras otro, porque la inmediatez es insabora y los caminos se tienen que recorrer observando todo.
Es así como, al fin, está comenzando otra historia........una que yo misma voy a escribir.






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10/03/2014 01:13:00 p.m.

Tengo dos pies izquierdos

aún así me creo Fred Astaire

no me importa que nadie baile

mientras yo lea a Voltaire.

Escribo vagas palaberías

matutinas tazas de café

sueño despierta las brujerías

y a todo respondo 'no sé'.

Soy activista de horarios

busco la paz total

pérenme, ahorita haré cambios

dejen critico al Mundial.

Odio a los opios del pueblo

que oprimen mi dignidad

divago a solas en la penumbra

cuando miro Breiquin Bad.

En mi mundo es imposible

no dar en tu muro un like

por esa tragicomedia eterna

o esa operación de Mike.

Pinche gente, yo si pienso

en un bienestar social

veo el mundo como un lienzo

tan libre y fundamental.

Escucho la trova y su protesta

y hago propias sus batallas

desdeño a aquel que detesta

el uso de las metrallas.

Me despido pues es tarde

de mi dogma he salido

que el futuro te resguarde

¡hubieran metido a Salcido!.





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8/12/2014 01:27:00 p.m.

Nos enseñaron a ver no viendo
a creernos siempre a tientas
buscando el candor ajeno
de respuestas intrincadas
Nos enseñaron a morir lento
entre asfalto desgastado
buscando en ojos ajenos
la empatía desdibujada
Nos dijeron que hay que ver
cosmogonías parelelas
trazadas por manos firmes
que a diario nos atormentan
Nos llenaron de finales
corrosivos e inconclusos
sabiendo que triste está el final cuando se acaba
porque al punto final de sus finales
no le quedan ya más puntos suspensivos.

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7/24/2014 01:42:00 p.m.

Dalila iba por la vida arrancando de raíz cualquier oportunidad en la que ella pudiera sobresalir, ser el centro de atención. Ese cúmulo de miradas encima de ella producían en su organismo un elixir similar al de un ludópata ganando en la ruleta. Era una sensación extraña a la que siempre se acostumbró: ser el centro del mundo.
Desde niña, rápidamente se aferró al hecho de que podía tejer a su antojo mil historias cuyo final fuera favorable para sí misma. No importaba cuantas lágrimas tenía que derramar para que su familia terminara cediendo ante ese llanto. Ahí se dio cuenta del poder que podía ejercer sobre las personas, y no dudo en seguirlo utilizando.

Trascurrió su niñez y fue sino hasta la adolescencia donde hizo de la manipulación un arte. Bastaba con que ella dijera dos o tres palabritas para que su séquito de adoradores las convirtieran en una verdad inapelable.
Dalila siempre provocaba, temor o envidia o lo que fuera, pero tenía ese don de provocar algo en las personas. Jamás pasaba desapercibida. Su belleza era extraña, retorcida, no era el prototipo de las telenovelas, pero contaba con algo de lo que muchas carecían a esa edad: personalidad.

En tercero de secundaria, Dalila tuvo su primer novio. Todos se sorprendieron porque no era el típico rebelde sin causa del que todas estaban enamoradas. Jesús era todo lo opuesto: un niño bien portado, obediente y callado, al que le gustaba mantener un bajo perfil y, de vez en cuando, socializar en las maquinitas a la salida de la escuela.
Ahí conoció a Dalila, en una reta de Street Fighter. 
Para Jesús ese 23 de marzo, había sido un día normal, hasta la 1:20, hora en la que decidió jugarse sus últimos 5 pesos en una reta. 
Y ahí, como una visión, Dalila estaba masacrando a Vega con Chun Li, en una batalla épica. Los comentarios se centraban en la asombrosa manera de manejar a Chun Li, y más aún, era manejada por una niña. 
Poco a poco Dalila fue acabando con todos y cada uno de los contrincantes, hasta que llegó el turno de la reta de Jesús. El había elegido a Ryu y, con la concentración requerida, se disponía a jugar algo más que sus últimos 5 pesos.
Después de dos empates, Jesús pidió prestado para el último y definitivo combate pero ya era muy tarde: Dalila había ganado más que una partida.

Desde entonces, Dalila y Jesús eran inseparables. El la acompañaba a su casa al salir de la secundaria mientras ella le contaba lo mucho que le gustaban Los Caballeros del Zodiaco. Dalila iba a casa de Jesús a ver Los Supercampeones, a jugar Tetris o Super Mario. Juntos empezaban a trazar un destino que se vislumbraba maravilloso: días y días pegados a la televisión, comiendo helado napolitano mientras descubrían la maravilla del cosquilleo en la entrepierna.
O al menos eso pensaba Jesús.

Con el transcurso de los días, los padres de Jesús se empezaron a preocupar por su comportamiento; era irascible, todo el día estaba irritado y sus últimas calificaciones habían disminuido considerablemente. Lo atribuyeron al 'primer amor' y a la novedad de tener a Dalila -quien se había vuelto un poco absorbente- en su vida. No le dieron más importancia que la del amor adolescente.

Dalila, por su parte, había mejorado sus calificaciones, y sus padres no podían estar más contentos de que por fin tuviera un amiguito que era buena influencia para ella. Aparentemente Dalila estaba madurando y los berrinches dejaron de ocupar un lugar primordial en su hogar. 

Tardarían años en advertir que, el cambio de Dalila, solo era parte de una estrategia que, con el pasar del tiempo se convertiría en su estilo de vida.



Continuará...

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7/02/2014 02:49:00 p.m.


Estoy en un Applebees, esperando a que salga de la cocina mi orden que consta de sopa, plato fuerte y bebida con refill (menú jodido-ejecutivo de $109) mientras escucho atentamente la guaguara de mis acompañantes.

Tenemos la misma edad y contamos con universos abismalmente ajenos, unidos éstos por ese pinche eslabón al que osan denominar tiempo.

Update de rigor y tres vasos de té de limón y llega mi crema de broccoli (parece engrudo y sabe demasiado a crema y poco a broccoli). Al saborearla me doy cuenta que está más fría que mis ganas de estar en ese restaurant.

Sigo escuchando. Ahora pasamos al update de desconocidos (al menos para mí), esos que en el 2001 me valían verga y que en el 2014, con la homologación del IVA en la frontera, le añadí un 16 % más.
Juicios acerca de si está bien que 'X' haya comprado una lavadora de $7648986 pesos que se la mama en las mañanas o que 'Y' se casó pero que su pareja es súper ojete porque aún no quiere tener hijos. 

Comentarios random salen y salen de esas bocas que, al juzgar por su seguridad, cuentan con una vida estilo cuento de hadas que dejaría pendejo al mismísimo Walt Disney.

Después de la crítica -innecesaria- hacia esas personas, empiezan el interrogatorio hacia mi persona: ¿Porqué no te has casado? ¿Que onda con la chamba? ¿Ya ganaste la demanda? ¿Cuanto ganabas en tu anterior trabajo? ¿Porqué no vives sola? ¿Vas a entrevistas con ese arete en la nariz? ¿Desde cuando te gusta ese color? ¿A poco ya casi no pisteas, como te diviertes entonces? ¿Tienes novio?¿No? Entonces deberías de hablarle a Fulanito, esta soltero, gana mas o menos y se me hace que antes le gustabas'.
Preguntas y opiniones de ese calibre, ósea, todo un agasajo para su servidora.

No acostumbro contestar a raja tabla, muchísimo menos cuando la gente mastica, así que lo único que pude hacer en ese momento fue esbozar mi más dulce sonrisa para después, acto seguido, soltar una sentencia que desataría la Tercera Guerra Mundial: ' Tengo mucha hambre y no me gusta explicar cosas mientras como'.
Carita feliz, guiño-guiño.

Para entonces ya me había tragado mi crema de broccoli y estaba empacándome una pasta mas deshabrida que un capítulo de CSI.

Escuchaba sus opiniones y ante mi negativa de ahondar en esos terrenos, veía de reojo como sus rostros se enmarcaban con una extraña mezcla de incredulidad y decepción.
Varios fueron mis intentos para llevar la conversación a lugares menos polémicos, pero todos fueron en vano; al parecer mi cotidianeidad era un tema muy jugoso que tenía la virtud de sacar en mis acompañantes sus dotes de Paty Chapoy.

Continué comiendo los tallarines más eternos del mundo, no por su sabor, sino porque sin querer se habían convertido en el distractor ideal en el momento preciso, es decir, en medio de un cotorreo de proporciones oligofrénicas.

Poco a poco se iba acabando el tema -y mi pastita-, cuando alguien me preguntó que había hecho de nuevo (¿pipí esta mañana? pensé y me reí internamente).
¡Por fin! ¡Vaya!. Ahora sí podía contarles las cosas buenas -y poquito malas- que han pasado.
Empecé contándoles que había terminado un taller de Poesía y que estaba a la espera de una beca. No me preguntaban nada, de pronto las palabras se las habían tragado.

Lo omití y seguí contándoles que en 3 semanas inicio un Diplomado en Psicología Industrial y.........me interrumpieron categóricamente para relacionar -de una manera magistral, he de anotar- lo que yo les contaba con el hecho de que un ex novio de no se quien ahora vende droga, pero que se puso bien cerdo pero que no le hace porque tiene un pitote, pero que aguas porque ese wey golpea, pero que fíjate que si es un pitote descomunal.

Ya había terminado mi pasta afortunadamente (no hubiera estado bien que me imaginara un falo gigante con mil venas asesinas mientras mi plato parecían sus hijitos) pero al mismo tiempo me di cuenta de que ya no tenía nada con que salvarme; estaba a merced de la cháchara de lavadoras, tragedias, pitotes y bolsas Michael Kors y ahí, en medio de eso tan enriquecedor, me cayó un 20 gigante (más gigante que el pitote del ex novio): Confirmé mi teoría de que he sido un basurero tóxico. 
¿Que es un basurero tóxico? Quizá se lo pregunten.
Bien, les trataré de explicar un poco más.


Conforme pasa el tiempo las personas vamos llenando nuestro interior con residuos altamente corrosivos: temores, desilusiones, odios, dramas, miserias, etece, etece, y con esto poco a poco nos convertimos en un deshuesadero de chatarra, y lo que es peor, la mayor parte del tiempo es chatarra ajena.
En mi caso, me acostumbré a ir por la vida como si fuera un depósito de basura con patas donde la mayoría de las personas, con un placer casi siniestro, iban aventando esas cargas que, para ellos, se volvían cada vez mas estorbosas.
Sin buscarlo, siempre había tratado de ser ese hombro incondicional, esos oídos eternos de palabras ajenas, la que aconseja, la que acude si se lo piden.

Puedo decir -y cito a Gustavo Díaz Ordaz jaja- una persona tolerante hasta excesos criticados, pero desde hace algunos meses, esa tolerancia se delimitó, y no me refiero a los extremos, pero he aprendido a dimensionar las proporciones.
Con lo anterior se abrieron ante mí un cúmulo de hipótesis que al parecer pican fuertemente el culo de quienes las escuchan.

Por ejemplo: ¿Porqué las personas solo me buscaban cuando tenían un pinche drama épico en sus vidas, una onda tipo la Rosa de Guadalupe? ¿Acaso no soy divertida? ¿Porque son tan abiertos a repartir su miseria y tan celosos de su felicidad? ¿Porqué es más fácil hablar a calzón quitado de lo culero de la vida y tan difícil exteriorizar lo bueno que tienes?.

Es algo que no entiendo, y lo digo sinceramente porque a mi me cuesta trabajo una cosa y la otra.

No voy a mentir: la mayoría de mis amistades, esas amistades añejas y entrañables que he conservado al pasar de los años cojean de la misma pata, es decir, permanecen en un mismo escenario y al parecer lo único que cambia son los personajes y la talla de pantalón.
Cuándo caí en cuenta de lo anterior, mi primera reacción fue de enojo. Me dio coraje pensar que solo me utilizaban a su conveniencia cuando ocupaban algo o se sentían tristes. Luego vino una sensación amarga, una rara mezcla entre decepción y tristeza, que me hizo pensar que el problema recaía en mí y en mi personalidad en general (quizá si tenía el letrero de Biohazard colgado en la jeta).
Así pasó un rato donde iba del negro al blanco pasando por todas las tonalidades del gris. 
Hasta hoy.

Entendí que no es culpa de nadie. Así de simple.
Cada cual tiene su manera muy personal de ser, pero el pedo es que la elección es mía; los límites los tengo que poner yo, empezar -o seguir- a dar su justo lugar a las personas que solo buscan un target para su miseria.
De pronto ser una mejor amiga tiene un significado el día de hoy tiene un significado diferente a hace 10 años. Antes valoraba mucho la incondicionalidad, mientras que ahora el respeto se ha vuelto primordial.

Empecé a rodearme de gente que sabía filtrar las cosas, que me podía compartir lo bueno en la misma proporción de lo malo; personas que hablan de sus aficiones, gustos, trivialidades sin que una retroalimentación sea considerada casi casi traición a la patria.
Gracias a eso empecé avanzar, como hija, amiga y como persona. Estoy tratando de conocerme más, de disfrutar del yo, mis pasiones, por lo que mi nivel de tolerancia a la culerez per se no tiene cabida alguna.
Para mí ser amigo implica querer conocer, apoyar, ayudar, pero no solo en momentos donde te sientas de la verga y necesites escupir un monólogo de 6 horas; es sobreponerse juntos, para después estar agusto y vivir así, felices, lo que sea que dure.




Aguanté un poco más de dos horas en esa mesa donde no pegaba nada de aire frío. Me tomé como 5 vasos de té y, entre la crema de broccoli y la pasta entendí el porqué me sometía a esas reuniones, aunque fueran tan esporádicas: había dejado de ser un basurero tóxico para convertirme en una masoquista social.

Lo siento. Los lugares comunes han dejado de encantarme.

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vomitado por Orizschna
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6/25/2014 09:19:00 a.m.
Hoy todo es completamente paternalista, protector y abrazador, tenemos una ansia enorme de corregir años y años de errores y omisiones y buscamos insertar en las nuevas generaciones un chip de libertad, ese que tanto deseamos nosotros para cuando tuviéramos 30.

Cuando yo crecí, me tocó otra cosa: mi casa era lidereada por una mamá muy entrona (mi padre murió cuando yo tenía 7 años), que tenía que trabajar mucho para sacarme adelante -con un horario de 8 a 2 y de 4 a 7 para ser exacta-. Siempre tuvo el apoyo de mis abuelos y mis tíos, pero somos una familia pequeña de adultos en su mayoría.

La televisión tomaba parte activa como segunda educadora, y aún así me jacto al decir que era una niña que sabía perfectamente cuáles eran mis obligaciones: al llegar de la escuela sabía que tenía que quitarme el uniforme, comer, hacer la tarea y, después de eso, era ejercer eso a lo que yo llamaba mi libertad
Podía ver la tele, jugar, dormirme, limpiar o lo que se me hinchara la gana. Desde los 8 años dejé de tener el dedo acusador encima de mí y nunca fui de esas a las que les tenían que andar picando la cola con las calificaciones o los quehaceres.
Era muy feliz, pese a las situaciones familiares que vivía. Mi libertad se traducía en ver la Niñera mientras comía papitas con sabor a bbq.

Así eran mis días.

Me la pasaba dibujando, escribiendo, tejiendo historias con mis Barbie's o jugando a matar patos en el Nintendo.
Mis amigos venían a mi casa casi a diario, nos dábamos carrilla, nos empujábamos jugando futbeis o simplemente nos hacíamos bromas pasadas de lanza. Todos lo aguantábamos. Fue nuestro proceso de crecimiento; en el fondo entendíamos que la carrilla no era más que un montón de palabras estúpidas que no nos quitaban el sueño.

Recuerdo de manera muy precisa que en cuarto de primaria supe lo que era el cáncer. Recuerdo también que me marcó. Recuerdo también que conocí palabras como embolia, trombosis, fibroma, neumonía, que tanta mella hicieron en mi familia.
Lo superaron. Lo superé con todo y mi escasa edad con el apoyo de mi familia.

Siendo niños comunes y corrientes carecíamos de algo que, a medida que he crecido, he notado cada vez más marcado en las nuevas generaciones: la médula de la maldad per se.
Los chamacos fuimos, son y serán crueles por naturaleza; a veces existía la intención tácita de castrar al otro y algunas veces solo decíamos cosas que -sin querer queriendo diría el Chavo del 8-, terminaban por herir a los demás.
Pero nos reponíamos. Y rápido. Quiero pensar que se debía a que teníamos una mayor resistencia emocional, un umbral de dolor más alto.

No crecí ni de pedo en una generación exenta de divorcios, padres solteros, drogas, descuido, vaya, de malas decisiones en general. Igual dolía en el 89 que falleciera tu papá que en el 2014. La niñez que tuve fué golpeada más no arrancada de raíz. Y así tengo muchísimos ejemplos de amigos, conocidos, familiares.

Hoy veo las cosas diferentes.

Los niños juegan a ser adultos, opinando y compartiendo cosas sobre política, religión, drogas o aborto, mientras que los padres tratan de quitarse 15 años de encima actuando como mocosos irresponsables y dispersos, con ese slogan mamón de "sé amigo de tus hijos'".

La sociedad está tratando de reparar años de omisiones cambiando los papeles, protegiendo en exceso, dándole un peso a la juventud que no está preparada para soportar, puesto que han sido criados como verdaderos muñecos de cristal, unos muñecos a los que la carrilla los orilla a ir con psicólogo (no confundir con los verdaderos problemas emocionales), impedidos de jugar con tierra y ensuciarse, que son felices encerrados con su PSP4, tablets o teléfonos inteligentes (desgraciadamente, más inteligentes que muchos de nosotros).

Me puse a pensar en todo esto a raíz de un post que difundió un contacto en Facebook. Les cuento de que fué:
Ésta persona, profesionista, casado (a) con hijos, centrado (a), con una vida normal y tranquila (al menos es lo que predica), le tomó una fotografía a un muchacho con una discapacidad, -muy conocido en ésta comarca por platicar en exceso y pedirte 5 pesos para una soda- que tiene la misma edad que nosotros.
En la fotografía, este aberrante ser se tomó el tiempo de sacar sus dotes frustrados de diseñador (a) y le colocó leyendas que, textuales, decían: '1000% puñetero', 'dame una lana o te filereo', 'dime mongolito, mi reyna'.

Me pareció tan detestable.

Y fué ahí, cuando después de varios comentarios de mi parte (entre ellos recalcando la poca sensibilidad/madre al difundir semejante estupidez), caí en cuenta de lo siguiente:
¿Cómo podemos esperar que los niños o jóvenes sean sensibles y respetuosos si, nosotros como adultos, tenemos actitudes tan ridículas y dolosas?.
¿Con qué calidad moral enjuiciamos el bullying si a diario somos parte activa del mismo?.

Somos una sociedad hipócrita.

En realidad poco nos importa corregir o acabar con esa necesidad pinche de infringir dolor (esa necesidad que en pleno siglo XXI es totalmente arcaica); lo único que hacemos es solapar a nuestras conciencias, esas llenas de rencor contra quiensabequienes.
Es una especie de payback. Un 'a mi me lo hicieron, ahora que puedo que se chinguen'.

La autoridad se salió de las manos. Los maestros ya no la tienen, (en su mayoría) carecen de libertad de cátedra, no forman valores, vamos, no pueden ni siquiera reprobar al alumno cuando así lo amerite. 
Los padres son tratados como estúpidos por los hijos, carecen de voz a la hora de formar conciencias, dejan en manos de cualquiera la educación que, se supone, deben inculcar (la internet es más peligrosa que la televisión, por ejemplo, en las manos incorrectas).

Los niños, entonces, ya no son culeros, han sido catalogados con un sinfín de adjetivos que los alejan cada vez más de su realidad. 
Hemos criado a una horda de pequeños Mussolini's que creen tener absoluta autoridad por el solo hecho de estar. Son niños que exigen ropa Abercrombie. Son niños que usan smarthphones a los 4 años. Son niños con problemas de adultos: depresión, preocupados por el dinero, por el status quo.

Y los adultos nos hacemos ojos de hormiga, delegando responsabilidades ya no a la televisión, sino a  cualquier distractor que se atraviese, echándole la culpa a miles de cosas de nuestras carencias. 
Desdeñamos cualquier a cualquier persona que ose en interferir con lo que nosotros consideramos educar (aunque tengan la razón).

Los adultos jóvenes de hoy crecimos en una generación donde el remordimiento y la expiación eran totalmente necesarias. Hoy prestamos suma atención a que las juventudes no sufran como nosotros, no sean regañados como nosotros, tengan lo que no tuvimos (después de todo no queremos otra generación X), pero de manera habilidosa y convenenciera no prestamos atención al fondo de la olla.

No queremos ver el error, que está en nosotros mismos. Padres de familia que no pueden educar ni crear conciencia porque en el fondo no hemos dejado de ser unos adolescentes crueles y pendejos. Ahí es donde perdemos la batalla, donde nos lavamos las manos.

Es un gran poder el que tenemos y debemos usarlo correctamente. Tengas hijos o no los valores son universales, y siempre habrá momentos donde tengamos (aunque no nos guste) que hacerla de educador ajeno. 

No es una tarea fácil, se tiene que ir aprendiendo sobre la marcha.

Los niños no son de cristal, hay que dejarlos crecer, equivocarse y sobre todo, enseñarles que un perdón no debe ser considerado debilidad.

Como adultos, no debemos tener esas regresiones patéticas en donde busquemos, a toda costa, que nos vean como alguien cool y desenfadado, un cuate, esa persona prendida que siempre dice que sí. Those times are gone. Para eso tenemos -espero- amigos, sí, amigos, no hijos.

Si queremos predicar empecemos por nosotros mismos, erradicando esa pinche necesidad de menospreciar al más débil, de humillar por medio del insulto más vil y rastrero. Caigamos en cuenta que no podemos seguir solapando nuestras propias conductas y que nuestra crueldad chinga cada vez más, independientemente que vaya acompañado de un 'no quiero que te enojes pero....'.

Seamos ejemplo y así quizá, solo quizá, no tengamos que conformarnos con ser el amigo cool de nuestros hijos, sino lo que ellos verdaderamente necesitan: unos padres que puedan respetar.





vomitado por Orizschna
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6/16/2014 12:33:00 p.m.


Mucha es la oposición que ha tenido el Mundial en ésta última edición. 
Brasil atraviesa una grave crisis que se refleja en pobreza, inseguridad y desempleo, por lo que es entendible el descontento y la incertidumbre de su población ante el compromiso de sus gobernantes para ser la sede de la Copa del Mundo 2014 (y lo entendemos porque aún en México acarreamos los estragos de impuestos creados para sufragar gastos de ésta índole).

Cada 4 años se desata la misma revolución: salen de su cauce caudales inmensos de fanáticos del soccer que solamente son comparados a la cantidad de detractores del mainstream o de lo que ellos llaman 'el mayor distractor del mundo'. 

Fanáticos rayando en la veneración exagerada, nacionalistas perpetuos cuya devoción se traduce en prometerle medallitas de oro al Santo Niño Futbolero.
Haters de la movilización masiva, fundamentalistas de vanguardia que jamás han visto un partido completo, que confunden Lituania con Letonia.

Cada 4 años se genera el mismo debate y se cae en la misma zona de confort, ese lugar oscuro que mancha, como aceite al agua, la verdadera raíz del evento. Exactamente cada 1460 días se busca, de manera exagerada, la politización del deporte.

Es imposible ignorar las condiciones sociales que atraviesa la sede mundialista, puesto que la infraestructura requerida para tal acontecimiento se traduce en un menoscabo de los recursos económicos del país en cuestión. Inversiones multimillonarias que van directamente a la creación y remodelación de estadios, publicidad y marketing, embellecimiento de las ciudades sede. Debido a la situación actual es evidente que la población brasileña esté encabronada y lo que le sigue pues, al igual que en México, nunca se les pide opinión ni existe un consenso (la negligencia de los gobernantes no tiene fronteras).

Con este panorama, las opiniones de nosotros los mexicanos son completamente tendenciosas, puesto que se critica a la FIFA como si ella decidiera arbitrariamente. Peor aún, se critica al deporte en sí. Nos vamos convirtiendo de a poco en periquitos parloteros que repiten incesantemente la misma frase panfletaria.
Somos los que nos quejamos de la nefasta influencia de las grandes televisoras nacionales pero repetimos y peor aún, difundimos, las medias verdades generadas por las redes sociales. Las tomamos -a las redes- como una gran incubadora de sentencias incuestionables, escudándonos en la cobardía que nos brinda el pensamiento ajeno y el anonimato.

Ejemplos hay varios: en épocas electorales no faltan los mil-ocho-mil memes mofándose de los candidatos, otros tanto cuestionándolos de la manera más ramplona y algunos buscando crear conciencia social, invocando lugares tan comunes como Emiliano Zapata, el EZLN o la mítica frase tierra y libertad.
A todos nos sale lo ultraderechistas o lo rojillo y el denominador es la verdad cuasi absoluta de las teorías políticas propias, que envidiaría hasta los mismísimos Montesquieu o Rousseau.

Y bueno, el mundial no está exento de eso.

Cada 4 años brotan como corona de lágrimas los fanáticos de la Selección Nacional (con jersey incluído), esos que se empedan en cada juego eliminatorio.
También salen los villamelones (muchas mujeres incluidas), que no tienen ni idea de que es un tiro libre pero cargan con la matraca y el rostro pintado tricolor.
Por último, los que odian al fútbol, los que lo escudriñan y satanizan, los que lo elevan a la categoría de culpable (sin juicio justo) del aborregamiento de la sociedad mexicana.
Dicho lo anterior, tenemos a tres grupos primordiales: fanáticos, villamelones y haters. 
Este post es para los últimos.

En éstos días he leído una gran cantidad de opiniones respecto del Mundial; desde las frívolas opiniones de la inauguración hasta el último juego hasta la fecha.
Opiniones hay muchas: 'ay! que guapotes los de Bosnia' (cosa que es incuestionable).Vamos, no puedo negar  la belleza masculina que desfila en esas canchas (googlear a Hulk, Marcelo, Spahic, Piqué) , pero también existimos quienes disfrutamos, aparte de la buena pierna pambolera, de una atajada magistral o una goliza bien puesta (España-Holanda, Alemania-Portugal).

Las opiniones más simplistas y reaccionarias son las que se traducen en lo siguiente: 'durante el Mundial el Senado aprobará las reformas aprovechando que la población está distraída'

No se si reír o llorar.

Vuelan las publicaciones compartidas, los artículos, donde se de dice, de manera tajante, que el gobierno votaría las reformas (sí, así en lo general) durante el mes del mundial, todo para que el pueblo no la hiciera de jamón y estuviera distraído con eso que nos apendeja tanto.

No mamen.

Somos un pueblo distraído desde tiempos ancestrales, teniendo como referencia que somos hábilmente seleccionadores de nuestros apendejamientos, he de anotar.
Decir que el gobierno votaría las reformas (de nuevo, así mero en todas sus instancias) en éste periodo debido a la Copa del Mundo no es más que una muestra fehaciente del afán coatlicue de sentirnos el ombligo del mundo, creadores de un movimiento revolucionario que solo existe en nuestros IPAD's, escrito en algún Starbucks.

Somos una sociedad pasiva y gritona; nos especializamos en debatir con un desconocimiento total, diciendo las mentiras con tal convicción que poco a poco vamos creyéndolas.

Hacemos propias las causas ajenas (como la situación carioca) y, como la habilidosa zorra, no nos queremos ver la cola.

Lograr una revolución de pensamiento va más allá de compartir como demente memes picarones, cuya crítica social proviene del Perro Guarumo. Ésta revolución lleva implícita una responsabilidad personal, una que ni de chiste tomamos en serio y que se llama convicción.

Hablamos de las reformas con una generalidad grosera. Pocas son las personas que utilizan  éste gran universo llamado internet, que agarran un libro, vamos, que leen para fundamentar sus posturas. De ahí se deriva, precisamente, que el fútbol (o casi cualquier cosa) tenga la culpa de nuestra apatía.

Los procesos legislativos no tienen quorum ciudadano, así que las reformas se votarán sin nuestra consideración. Así ha sido desde siempre y, de verdad se los digo, no lo cambiaremos compartiendo imágenes en Facebook o Twitter donde culpemos a cualquier evento del acontecer nacional.

El mundial se ha jugado pese a épocas de crudeza e inestabilidad (Segunda Guerra Mundial), y se ha buscado distraer, en el buen sentido, a la población, intentando que prevalezca el espíritu de unidad de naciones por medio del fairplay. Quizá ahí radique la crítica convenenciera: criticamos lo más fácil, no exigimos en cuestiones de verdadera relevancia. Decimos que es un distractor y pasamos más tiempo odiándolo que conociéndolo, centrando nuestra inconformidad en algo que dista mucho de poder modificar la situación actual en que vivimos. 

El fútbol per se es un deporte hermoso, que debe de ir más allá de situaciones políticas y, para poder desmenuzarlo, hay que conocerlo (y con ello me refiero a no repetir como periquito lo que nos dicen en las noticias), crearnos un criterio.

Un deporte jamás será responsable de quien lo elige como estilo de vida o como entretenimiento, de tener miles de hinchas que prefieren ver un juego al canal del congreso.
Esos que esperan que Messi o Neymar o cualquier atleta se manifieste por las causas justas son los mismos que aplaudieron a Jared Letto con su influmable speech al aceptar su Oscar.
Esos son los pasivos que van por la vida buscando palmaditas en la espalda, aunque no le sirvan de nada.
Si canalizáramos nuestro odio a cosas con más sustancia, con un fondo, seríamos otros. Ahí se puede resumir muchas cosas: preferimos el pretexto a la acción.

A manera de conclusión, los incito a defender la libertad. Decidamos que ver o que no ver, pero seamos respetuosos de los gustos ajenos. Si no gustas del fútbol, estás en tu derecho, pero deja a los demás disfrutar de él, porque seguramente habrá muchísimas personas a quienes tus aficiones le parezcan ridículas o innecesarias. Dejemos de mezclar la gimnasia con la magnesia y aprendamos a argumentar porque, después de todo lo dicho, la política está llena de villanos y el fútbol no es, ni por mucho, uno de ellos.

Hay que entender que, en un mundo ideal, no tendríamos la necesidad de culpar a nadie de nuestros errores como sociedad ni los malas decisiones de nuestros gobernantes, no andaríamos buscando chivos expiatorios para lavar nuestras conciencias. El fútbol jamás tendría la culpa.

otro presente aquí  Efra

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vomitado por Orizschna
3 comentarios
6/09/2014 12:10:00 a.m.

Implacable. Misterioso e inamovible.
Un romántico misterio.
Futuro. Tan ambiguo. Tan lleno de interrogantes que, de a pronto, te van llenando la garganta y la cabeza de miedo, odio, cerrazón.
El futuro es un lugar de verbos más que de actos. No hay una seguridad total.
Correré. Amaré. Dormiré. Despértaré. 
Todo conjugado correctamente, de una manera soberbia y panfletaria.
En ésta edad de (des)ilusiones queremos a futuro por una sencilla razón: lo tangible nos da miedo. Mucho.
No hay certeza más hermosa que los castillos en el aire, tan llenos ellos de sueños cumplidos y triunfos festejados.
El hoy poco importa, lo que necesitamos es el motor de lo incierto; el motor que nos lleve hacia el camino de la plenitud y la cercanía, ése, ese que no vemos en el hoy y solo estará en el mañana.

Ahí es cuando sonrío, con un gesto siniestro: 
No soy material de ilusiones a futuro. No creo en los Reptilianos y Volver al Futuro no me gusta porque ¿quién quisiera volver del futuro? ¿Quién en su sano juicio volvería al lugar que tanto evadió?. Yo no.

Yo siempre he sido de presentes.
La primera que dice presente a causa de su apellido.
La  que llega con un presente a la fiesta.
La que nunca se hace presente en los convencionalismos sociales.
La que solo se sabe tiempo presente.
La que a diario está saboreando el presente.

Soy del aquí y soy del ahora.

De la cerveza helada.
De la tortilla caliente, en mi mesa.
Del calor golpeando mi frente, en Junio.
De la música que suena allá afuera, entre el tráfico.
Del segundo y su sonrisa.
De lo que duele y no de lo que dolerá.
De la que escribe y le da click.
Del aire fresco.
De la gota incesante de la regadera.
Del olor a margaritas.
De la sonrisa cómplice.
De las complicadas manías.
Del brainfreeze.

No niego la existencia del futuro pero eso será mañana......................y mañana ya nada será igual.



        * Este proyecto -que incluye en gran parte el compromiso y la constancia, hábitos muy olvidados por su servilleta- es conjuntamente con un amigo letroso, ávido, como yo, de una válvula de escape que nos permita diseccionar tanta cosa atorada por medio de letras, tan olvidadas hoy en día. Gracias a los que siguen leyendo y les recomiendo a mi compa El Alecuije;  créanme, tendremos algo que decir.

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vomitado por Orizschna
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corazon
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